La seguridad hídrica debe convertirse en una prioridad
nacional. Ningún país puede aspirar a un desarrollo sostenible cuando sus
fuentes de agua se deterioran aceleradamente y las políticas para protegerlas
resultan insuficientes.
En República Dominicana, la degradación de las cuencas
hidrográficas ha dejado de ser un problema exclusivamente ambiental para
convertirse en una amenaza directa a la seguridad alimentaria, la salud
pública, la producción de energía y la estabilidad económica.
La comprensión de lo crucial que son
las cuencas hídricas para el manejo sostenible de uno de los recursos más
esenciales para la vida, el agua, debe llevarnos a adoptar todas las medidas
necesarias para protegerlas.
Una cuenca hídrica es el territorio donde toda el agua de lluvia
drena hacia un mismo cuerpo de agua, como un río, lago o embalse. Existen dos
tipos principales: la cuenca hidrográfica, que comprende únicamente las aguas
superficiales, y la cuenca hidrológica, que incluye tanto las aguas
superficiales como las subterráneas.
La importancia de las cuencas va mucho más allá de su función
como sistemas naturales de drenaje. Desempeñan un papel esencial en el ciclo
hidrológico, captando, almacenando y distribuyendo el agua de lluvia. Gracias a
ello, garantizan el abastecimiento de agua potable, sustentan la agricultura,
posibilitan la generación de energía hidroeléctrica, conservan la biodiversidad
y contribuyen a prevenir desastres naturales como inundaciones y sequías.
Cada cuenca está integrada por subcuentas y microcuencas que
conforman un sistema interconectado.
Las cuencas saludables funcionan como filtros naturales,
impidiendo que sedimentos y contaminantes lleguen a los ríos, lagos y
acuíferos. Sin embargo, las actividades humanas pueden alterar gravemente este
equilibrio, afectando tanto la cantidad como la calidad del agua disponible.
En República Dominicana existen 30 grandes cuencas
hidrográficas, 17 cuencas costeras y 18 subcuencas principales. La degradación
de estos sistemas constituye una grave crisis socioambiental y de salud
pública. En las últimas tres décadas han desaparecido alrededor de 700 ríos y
arroyos, poniendo en riesgo la seguridad hídrica, la producción de alimentos,
el abastecimiento de agua para la población y, en consecuencia, la estabilidad
y el desarrollo del país.
Entre las principales causas de esta degradación se
encuentran la deforestación, el conuquismo practicado sin criterios de
sostenibilidad, la extracción de agregados de los ríos, la contaminación por
desechos sólidos y residuos químicos, las aguas residuales y la expansión urbana
desordenada.
La pérdida de cobertura forestal en las cuencas provoca que
grandes cantidades de sedimentos lleguen a las presas, reduciendo su capacidad
de almacenamiento y acelerando su deterioro, lo que disminuye considerablemente
su vida útil.
Los bosques desempeñan un papel determinante en la protección
de las cuencas. Los árboles liberan vapor de agua hacia la atmósfera,
favoreciendo la formación de nubes y las precipitaciones. Asimismo, interceptan
la lluvia, facilitando la infiltración y la recarga de los acuíferos en lugar
de permitir un rápido escurrimiento superficial.
La percolación, es decir, el movimiento del agua a través del
suelo, constituye un proceso fundamental para la filtración y recarga de los
acuíferos. Para ello son indispensables los suelos permeables, cuya
conservación depende en gran medida de la cobertura vegetal.
Los bosques actúan como filtros naturales al retener
sedimentos, nutrientes y contaminantes antes de que alcancen los cuerpos de
agua. Sus raíces estabilizan el suelo y reducen la erosión, mientras que su
capacidad para absorber y almacenar grandes volúmenes de agua ayuda a disminuir
el impacto de las inundaciones. Además, proporcionan hábitat a una gran
diversidad de especies, fortaleciendo la resiliencia de los ecosistemas
terrestres y acuáticos.
Necesitamos cuencas saneadas, protegidas, restauradas y
reforestadas; libres de contaminación y de conflictos de uso del suelo. Solo
así el bosque podrá seguir protegiendo el suelo que alimenta los ríos, mantener
caudales estables y garantizar el suministro permanente de agua que demandan
los acueductos, las centrales hidroeléctricas, los sistemas de riego y las
actividades productivas.
La seguridad hídrica debe convertirse en una verdadera
política de Estado. Es urgente fortalecer las políticas públicas dirigidas a la
protección, conservación, restauración y manejo integral de las cuencas
hídricas.
Proteger las cuencas es proteger el agua, la biodiversidad,
la producción agrícola, la infraestructura hidráulica y, en definitiva, el
futuro de República Dominicana.
El momento de actuar es ahora, mañana podría ser demasiado
tarde.
Por Carlos Checo Estrella
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